Cientos de días y noches han pasado desde la última vez... aún cuando no fuera la última que la vida nos tuviera preparada y cientos de otras tantas hayan pasado después. Hoy, hace un año ya que te fuiste.
Del tiempo que pasamos juntos la vida se encargó de revolverlo todo. Las lágrimas y las risas, pintadas del mismo color, hacen llover el cielo de mis ojos que un día fueron tu inspiración. Y sí, espinas han tomado la forma de mis brazos para mí también.
Te veo, porque es inevitable, y siento el dolor que hay detrás de la misma cara que vi años atrás. Tiempo aquellos en los que dí todo hasta quedar vacío. Tiempos en los que preferiste ver por la ventana hacia afuera que buscar adentro todo lo que te ofrecí. Y cuando el tiempo nos encontró por fin, tú ya ibas de salida.
De la revolución y la resistencia nos quedaron llagas que tal vez ni el tiempo logre curar. La guerra, las bombas y las muertes alrededor desangraron todo y volvieron infertil la tierra que en su juventud fuera abundante y próspera.
En ruinas quedamos los dos, así parezca que el botín quedó conmigo y se fue de ti. Y ya los brazos nunca más volvieron a cargarte tantas veces que no fue por mí que cayeras, porque ya el dolor no lo hizo más posible.
Tantas veces volví a ti dando saltos enamorados o con la cabeza gacha y el corazón abierto y tantas veces la vida se interpuso y los viejos vicios volvieron a dañarlo todo.
Qué manera de perderlo todo por tener un virus resiliente en tu interior. Uno que no fue inoculado por mí, pero que cultivé con suficiente descaro e insuficiente amor.
Quisiera que la vida nos hubiera entrelazado más dispuestos y no nos hubiera arrancado a la fuerza, porque bien sabes que te amé y te amo, pero, sólo quedarán fotos en blanco y negro empolvadas en un viejo y fuerte baúl.
Perdón por los cristales rotos y las espinas clavadas, una vez más.
viernes, 11 de abril de 2014
sábado, 22 de febrero de 2014
Óleos
Lejos de intentar seguir escribiendo la misma nostalgia y los cansancios, saco la paleta de colores y pinto aquí y allá los tonos grises con óleos de colores vivos. Mientras lo intento se entremezclan los grises y los amarillos, verdes, rojos. Con paciencia voy corrigiendo el manchón y dejando salir el color de la pintura.
"La verdad es que yo la odio (la música)" me dice la que caminaba a mi lado y de pronto sentí que me arrancaban el alma. Voy a intentar explicar que si la vida es triste, debe ser por palabras como aquellas, que cortan del alma las flores que nacen de lo más bello del ser.
Cuando intento imaginarme algo, cierro los ojos, respiro hondo y me dejo llevar. La imaginación no es más que un vehículo para conocer los confines del universo y tal vez crear universos nuevos. Viajo y viajo intentando futuros y pasados, tratando de entender, tratando de llegar más lejos, más profundo.
El mismo pincel no deja hacer todos los efectos. Cambio de pincel.
Lágrimas brotan de mi alma ante frases tan incomprensibles. Y a manera de balada diré que "me duele el pensar" que hayan personas con armas allí afuera, dispuestos a matar niños, jóvenes y adultos, mujeres, animales y hasta sí mismos, sólo por no encontrar algo bello en qué pensar. Ya cuesta hablar de belleza, estética y principios en un mundo que todo lo destruye.
Sueño con un bastidor en mi pared. Uno pintado por mí, al son de las notas que oigo justo ahora y que día tras día se han convertido en mi comida, en mi quehacer, en mi vida. Ya no tengo las aspiraciones de antes. ¡Cómo ha cambiado la vida desde que éramos pequeños! Aún sigo cansado como siempre, pero es por no tener óleos suficientes o pinceles o bastidor para pintar. Sucumbo ante la idea, pero me repongo y vuelvo a pintar.
Los colores se siguen mezclando, pero me esfuerzo un poco más.
Grito en silencio y agacho la cabeza. Sigo caminando como si no hubiera escuchado el consejo de dejar mi vida. Siento lástima por mí y la humanidad que habla así. Lloro un poco ahora. Debe ser la música que puse para escribir. Ahora sonrío. No tengo más argumentos para demostrar lo que significa para mí. Sólo la vivo y ya. Ah! y la amo. Se convirtió en mi sangre y la única cosa que ha estado presente en mi vida sin mancha, sin dejarme.
Pintar nunca es suficiente. No sirve acostumbrarse al óleo o a la textura del pincel. Hay que untarse los dedos de pintura y dañar un par de pantalones. Ensuciarlo todo y quedar como un loco con el pelo pintado y levantado con mechones de colores. El que sabe pintar, sabe que es así. Y mirar el cuadro de lejos, de cerca, de reojo. Dejarse llevar en sueños hasta allí, al lado de lo pintado. Ver cada detalle, olerlo todo, mover cada cosa, tocarlo todo. Sentarse a mirar una y otra vez la belleza que está ahí inmóvil, lista para dejarse mezclar con mil colores. Colores que nunca han existido.
"La verdad es que yo la odio (la música)" me dice la que caminaba a mi lado y de pronto sentí que me arrancaban el alma. Voy a intentar explicar que si la vida es triste, debe ser por palabras como aquellas, que cortan del alma las flores que nacen de lo más bello del ser.
Cuando intento imaginarme algo, cierro los ojos, respiro hondo y me dejo llevar. La imaginación no es más que un vehículo para conocer los confines del universo y tal vez crear universos nuevos. Viajo y viajo intentando futuros y pasados, tratando de entender, tratando de llegar más lejos, más profundo.
El mismo pincel no deja hacer todos los efectos. Cambio de pincel.
Lágrimas brotan de mi alma ante frases tan incomprensibles. Y a manera de balada diré que "me duele el pensar" que hayan personas con armas allí afuera, dispuestos a matar niños, jóvenes y adultos, mujeres, animales y hasta sí mismos, sólo por no encontrar algo bello en qué pensar. Ya cuesta hablar de belleza, estética y principios en un mundo que todo lo destruye.
Sueño con un bastidor en mi pared. Uno pintado por mí, al son de las notas que oigo justo ahora y que día tras día se han convertido en mi comida, en mi quehacer, en mi vida. Ya no tengo las aspiraciones de antes. ¡Cómo ha cambiado la vida desde que éramos pequeños! Aún sigo cansado como siempre, pero es por no tener óleos suficientes o pinceles o bastidor para pintar. Sucumbo ante la idea, pero me repongo y vuelvo a pintar.
Los colores se siguen mezclando, pero me esfuerzo un poco más.
Grito en silencio y agacho la cabeza. Sigo caminando como si no hubiera escuchado el consejo de dejar mi vida. Siento lástima por mí y la humanidad que habla así. Lloro un poco ahora. Debe ser la música que puse para escribir. Ahora sonrío. No tengo más argumentos para demostrar lo que significa para mí. Sólo la vivo y ya. Ah! y la amo. Se convirtió en mi sangre y la única cosa que ha estado presente en mi vida sin mancha, sin dejarme.
Pintar nunca es suficiente. No sirve acostumbrarse al óleo o a la textura del pincel. Hay que untarse los dedos de pintura y dañar un par de pantalones. Ensuciarlo todo y quedar como un loco con el pelo pintado y levantado con mechones de colores. El que sabe pintar, sabe que es así. Y mirar el cuadro de lejos, de cerca, de reojo. Dejarse llevar en sueños hasta allí, al lado de lo pintado. Ver cada detalle, olerlo todo, mover cada cosa, tocarlo todo. Sentarse a mirar una y otra vez la belleza que está ahí inmóvil, lista para dejarse mezclar con mil colores. Colores que nunca han existido.
martes, 14 de enero de 2014
Plegaria a las nubes
Probablemente tu corazón ha puesto mis últimas palabras encima de todo lo demás... y ya no hay más que hacer.
Cargo luto desde hace tanto tiempo, que ya no lo puedo dejar. No lloro, no me lamento, no lo comento pero es verdad.
Es como si de repente mi vida, la vida en la que soy feliz y hago las cosas con pulso, con calor, se me hubiera ido. Sólo me agarro fuerte todos los días para no dejarme ir. Paro un segundo a llorar y la mueca se me hace familiar. Dura un segundo no más, pero es tan condensado, tan profundo, tan... doloroso.
Nadie lo nota. Nadie lo ve. A veces el esfuerzo es enorme...
Estoy haciendo mucho más, sabes? Hay mil proyectos más, mil cosas de ésas que soñé y que siempre están en lo profundo. Y simplemente estás ahí, cada día, en cada palabra, en cada idea. Todavía, a pesar de todo, eres más que gasolina para mi corazón. Y mientras te escribo, puedo ver tu cara... tus muecas y tus frases, a veces puede que llores, otro día ignorarás todo. Me hace feliz poder recordarte, tan adentro.
Hace poco tuve un sueño: Iba caminando y vi un par de niños pequeños. Lindos, llenos de ése amor que tanto ansié en la vida y que obtuve de ti. Pero, no iban de mi mano. Alguien los llevaba delante mío. Y sonreí porque los imaginé míos. Los abracé en secreto y deseé que sus padres pudieran amarlos tanto como yo lo haría. Alguien que me vio, se sentó a mi lado, me rozó la pierna y dijo: "Yo puedo cumplir tu deseo". No la miré, porque ya no miro a las personas por miedo a encontrarte, encontrar algo más que me recuerde... Me recosté un segundo al respaldar de mi asiento y antes de pensar si quiera me volteo hacia ella y con un gesto absolutamente hondo y solemne, triste, pausado, con los ojos cerrados, suspiro: "No... no puedo. Ésa oportunidad ya pasó. Se fue". Abrí los ojos de repente y comprendí al despertar que... así sería mi vida ahora.
Voy a extrañarte todo el tiempo...
No es un dolor como los otros. No me recuerda otros dolores, no revive historias. Y aunque toda la vida me preparé para sentir un amor así... nadie te prepara para la viudez. Nada puede hacerlo. No es un dolor cualquiera. Y pienso en tus dolores... aquellos que hablamos más de una vez y que lloré contigo desde acá. Así debe sentirse. El miedo, la tristeza sin fondo, sin piso. Un sólo deseo: ser feliz otra vez. Y de repente, sé que siempre supe más de ti y ahora compartimos ésa pérdida irremediable. Y te amo más. Siempre comprendí en lo profundo de mi corazón que debía hacerte tan feliz como nunca y que debía ser eterno. No reparé en gastos, no reparé en mis propias pérdidas. Y lo haría de nuevo.
He sido de todo y me avergüenzo cada segundo de los recuerdos de toda una vida mal hecha. Y siempre tus recuerdos son intocables. El asma, las bolsas de compras, las palabras, los sonidos horribles de tu celular. Tu caminar a mi lado, tus manos sobre las mías. Conozco más de una persona que me odiaría por decirlo. Es mi media vida la que se fue contigo. Autómata y sostenido por las ideas que me alimentan, la necesidad de hacer y tu recuerdo siempre presente en mi memoria, vivo sobreviviendo en paz. Las angustias de otros tiempos ya son tan simples como caminar, aunque se me ha hecho difícil caminar por los calambres y la visión un poco borrosa. Tú entenderías y te burlarías. Y seríamos tan felices si estuvieras aquí.
Constantemente miro al cielo y pienso en ti. Luego, bajo la mirada y hago una pequeña oración. Camino unos pasos y vuelvo a mirar. Cada vez más lento mi andar y más pausada mi vida, sólo espero dejarlo todo, dar hasta la última gota de sudor, el último aliento en batalla, y con ése impulso, llegar hasta ti cuando nos encontremos en la eternidad.
Aquí estaré siempre a tu lado y tú al mío...
Cargo luto desde hace tanto tiempo, que ya no lo puedo dejar. No lloro, no me lamento, no lo comento pero es verdad.
Es como si de repente mi vida, la vida en la que soy feliz y hago las cosas con pulso, con calor, se me hubiera ido. Sólo me agarro fuerte todos los días para no dejarme ir. Paro un segundo a llorar y la mueca se me hace familiar. Dura un segundo no más, pero es tan condensado, tan profundo, tan... doloroso.
Nadie lo nota. Nadie lo ve. A veces el esfuerzo es enorme...
Estoy haciendo mucho más, sabes? Hay mil proyectos más, mil cosas de ésas que soñé y que siempre están en lo profundo. Y simplemente estás ahí, cada día, en cada palabra, en cada idea. Todavía, a pesar de todo, eres más que gasolina para mi corazón. Y mientras te escribo, puedo ver tu cara... tus muecas y tus frases, a veces puede que llores, otro día ignorarás todo. Me hace feliz poder recordarte, tan adentro.
Hace poco tuve un sueño: Iba caminando y vi un par de niños pequeños. Lindos, llenos de ése amor que tanto ansié en la vida y que obtuve de ti. Pero, no iban de mi mano. Alguien los llevaba delante mío. Y sonreí porque los imaginé míos. Los abracé en secreto y deseé que sus padres pudieran amarlos tanto como yo lo haría. Alguien que me vio, se sentó a mi lado, me rozó la pierna y dijo: "Yo puedo cumplir tu deseo". No la miré, porque ya no miro a las personas por miedo a encontrarte, encontrar algo más que me recuerde... Me recosté un segundo al respaldar de mi asiento y antes de pensar si quiera me volteo hacia ella y con un gesto absolutamente hondo y solemne, triste, pausado, con los ojos cerrados, suspiro: "No... no puedo. Ésa oportunidad ya pasó. Se fue". Abrí los ojos de repente y comprendí al despertar que... así sería mi vida ahora.
Voy a extrañarte todo el tiempo...
No es un dolor como los otros. No me recuerda otros dolores, no revive historias. Y aunque toda la vida me preparé para sentir un amor así... nadie te prepara para la viudez. Nada puede hacerlo. No es un dolor cualquiera. Y pienso en tus dolores... aquellos que hablamos más de una vez y que lloré contigo desde acá. Así debe sentirse. El miedo, la tristeza sin fondo, sin piso. Un sólo deseo: ser feliz otra vez. Y de repente, sé que siempre supe más de ti y ahora compartimos ésa pérdida irremediable. Y te amo más. Siempre comprendí en lo profundo de mi corazón que debía hacerte tan feliz como nunca y que debía ser eterno. No reparé en gastos, no reparé en mis propias pérdidas. Y lo haría de nuevo.
He sido de todo y me avergüenzo cada segundo de los recuerdos de toda una vida mal hecha. Y siempre tus recuerdos son intocables. El asma, las bolsas de compras, las palabras, los sonidos horribles de tu celular. Tu caminar a mi lado, tus manos sobre las mías. Conozco más de una persona que me odiaría por decirlo. Es mi media vida la que se fue contigo. Autómata y sostenido por las ideas que me alimentan, la necesidad de hacer y tu recuerdo siempre presente en mi memoria, vivo sobreviviendo en paz. Las angustias de otros tiempos ya son tan simples como caminar, aunque se me ha hecho difícil caminar por los calambres y la visión un poco borrosa. Tú entenderías y te burlarías. Y seríamos tan felices si estuvieras aquí.
Constantemente miro al cielo y pienso en ti. Luego, bajo la mirada y hago una pequeña oración. Camino unos pasos y vuelvo a mirar. Cada vez más lento mi andar y más pausada mi vida, sólo espero dejarlo todo, dar hasta la última gota de sudor, el último aliento en batalla, y con ése impulso, llegar hasta ti cuando nos encontremos en la eternidad.
Aquí estaré siempre a tu lado y tú al mío...
martes, 7 de enero de 2014
Sobrevolando
Siento una libertad aterradora corriendo por mis nervios. El viento en la cara, los pies inquietos, los brazos extendidos hacia los lados, agitado, con el corazón palpitando cual carrera de caballos.
Voy al trote. Quieto. Vuelvo a trotar.
Voy volando sobre la vida tratando de mirar con poco detalle el paisaje.
Extraño todo aunque no sea capaz de hacer más, aunque no haya reversa ni avance en las búsquedas que no entiendo de la vida.
La música se me agolpa en el corazón sin tener donde ir, sin poder salir, sin poder llegar al destinatario ideal.
Sigo temblando mientras muevo las alas. Vacío sin piso encuentro una rama frágil de tanto en tanto.
Vuelo sobre la vida con poco aleteo, planeando entre las ramas y peñascos, cruzando ríos y mares para alcanzar el horizonte.
Voy al trote. Quieto. Vuelvo a trotar.
Voy volando sobre la vida tratando de mirar con poco detalle el paisaje.
Extraño todo aunque no sea capaz de hacer más, aunque no haya reversa ni avance en las búsquedas que no entiendo de la vida.
La música se me agolpa en el corazón sin tener donde ir, sin poder salir, sin poder llegar al destinatario ideal.
Sigo temblando mientras muevo las alas. Vacío sin piso encuentro una rama frágil de tanto en tanto.
Vuelo sobre la vida con poco aleteo, planeando entre las ramas y peñascos, cruzando ríos y mares para alcanzar el horizonte.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Almitis
Derramando las lágrimas del dolor que superó las barreras de mis ojos y con más dolores en el cuerpo que un apaleado, intento dejar mi mente en blanco para poder descansar.
Que me estoy volviendo viejo, no lo dudo.
Los músculos de todo el cuerpo, incluso los que no parecen muy importantes, me apuñalan los nervios y mi cerebro ya no puede contener la información que llega por cada poro, en cada visión, en cada sensación en el ambiente, en el cotidiano compartir con todos.
Los brazos, siempre cansados, me han vuelto a doler. Me duelen desgastados de pintar en el aire los sonidos que quiero escuchar... y que no suenan. Sonidos que estoy perdiendo en mí mismo, porque ya no sé cantar. Los músculos del canto me duelen, del hablar, del pensar, del sentir.
Toda sensibilidad me está agotando y sólo quiero desconectar todo, para no sentir más... aún prefiriendo encontrar el lugar, la persona, la ocupación que me haga sentir pasión, vida, confianza... amor.
Se va acabando todo. Se oxidan los latidos, la sangre, las visiones... se van llenando de telarañas los sueños y los ojos perdiendo las funciones, intentan no mirar más.
Impotente ante las vidas que pasan... y sin más, se van.
Que me estoy volviendo viejo, no lo dudo.
Los músculos de todo el cuerpo, incluso los que no parecen muy importantes, me apuñalan los nervios y mi cerebro ya no puede contener la información que llega por cada poro, en cada visión, en cada sensación en el ambiente, en el cotidiano compartir con todos.
Los brazos, siempre cansados, me han vuelto a doler. Me duelen desgastados de pintar en el aire los sonidos que quiero escuchar... y que no suenan. Sonidos que estoy perdiendo en mí mismo, porque ya no sé cantar. Los músculos del canto me duelen, del hablar, del pensar, del sentir.
Toda sensibilidad me está agotando y sólo quiero desconectar todo, para no sentir más... aún prefiriendo encontrar el lugar, la persona, la ocupación que me haga sentir pasión, vida, confianza... amor.
Se va acabando todo. Se oxidan los latidos, la sangre, las visiones... se van llenando de telarañas los sueños y los ojos perdiendo las funciones, intentan no mirar más.
Impotente ante las vidas que pasan... y sin más, se van.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Bitácora # 3
Lejos de dejar atrás todo lo malo que soy, cada vez con más fuerza y, a veces, sutileza logro hacer el caos.
Me cansé.
De todos los sueños que tuve, siempre quise cumplir el más estúpido... el único que jamás podré cumplir. Me pongo en automático otra vez, ya sin ganas de surgir. Perdí la gasolina, la malgasté en rutas siempre prohibidas y peligrosas; perdí los frenos, que se recalentaron; pinché mis llantas y mi motor ya se quemó.
No cumplo con los requisitos para este mundo... no sirvo.
Me cansé de ser así y no sé ser nada más. No quiero.
Escojo morir, aún sin quitarme la vida, dejando los latidos apagarse por su cuenta. Caminar cansado ya no basta, mirar con ojos hondos ya no es suficiente. Espero ansioso las manos frías, perder por completo las palabras y desconectar la sinapsis que me mantiene torpemente en mundos irreales.
Nacer en el siglo XVIII no habría bastado para satisfacer las locuras de una mente que no sirve para nada, de un corazón que corre y se arrastra por espinas... de un cuerpo que nunca ha dado muestras de lograr nada.
No basta al tener un alma vieja o cansada o rota.
Proseguiré mi camino, a donde me lleven los pies.
Tal como bien me lo recalcas... no tengo raíces y me place!
Prefiero mil veces seguir mis pies por caminos infinitos que vivir atrapado en jaulas de mentiras, sin poder cantar, sin poder volar, sin poder vivir...!
Dejo atrás todo, hasta mi nombre. Que se queden con él y los malos recuerdos que dejo también. Me voy con sus malos deseos y rumiando cada palabra amarga que me dieron. Resentido en el alma por no ser más que un torpe destructor de vidas, un grosero, un hiriente, un maldito...
Bien pueden reñir sobre mis restos y decidir a quién traté peor... y quién deberá escupir primero en la fila y quién apuñalará mi corazón!
- Venenoso -
Me cansé.
De todos los sueños que tuve, siempre quise cumplir el más estúpido... el único que jamás podré cumplir. Me pongo en automático otra vez, ya sin ganas de surgir. Perdí la gasolina, la malgasté en rutas siempre prohibidas y peligrosas; perdí los frenos, que se recalentaron; pinché mis llantas y mi motor ya se quemó.
No cumplo con los requisitos para este mundo... no sirvo.
Me cansé de ser así y no sé ser nada más. No quiero.
Escojo morir, aún sin quitarme la vida, dejando los latidos apagarse por su cuenta. Caminar cansado ya no basta, mirar con ojos hondos ya no es suficiente. Espero ansioso las manos frías, perder por completo las palabras y desconectar la sinapsis que me mantiene torpemente en mundos irreales.
Nacer en el siglo XVIII no habría bastado para satisfacer las locuras de una mente que no sirve para nada, de un corazón que corre y se arrastra por espinas... de un cuerpo que nunca ha dado muestras de lograr nada.
No basta al tener un alma vieja o cansada o rota.
Proseguiré mi camino, a donde me lleven los pies.
Tal como bien me lo recalcas... no tengo raíces y me place!
Prefiero mil veces seguir mis pies por caminos infinitos que vivir atrapado en jaulas de mentiras, sin poder cantar, sin poder volar, sin poder vivir...!
Dejo atrás todo, hasta mi nombre. Que se queden con él y los malos recuerdos que dejo también. Me voy con sus malos deseos y rumiando cada palabra amarga que me dieron. Resentido en el alma por no ser más que un torpe destructor de vidas, un grosero, un hiriente, un maldito...
Bien pueden reñir sobre mis restos y decidir a quién traté peor... y quién deberá escupir primero en la fila y quién apuñalará mi corazón!
- Venenoso -
martes, 17 de septiembre de 2013
Arenisca de Petra
Siento mis piernas temblar... caigo de rodillas, sudoroso y sucio.
Con la lanza que me has atravesado en el pecho hacia mi corazón, en cada intento de acercarme o alejarme me hiero más... la empujas con tu mismo amor, que llena de miedo me profesas.
Finalmente caigo sobre la arena, vencido, con los ojos llenos de infinito, de miedo, de lágrimas... y la sangre salpicada en todos lados, bañando la arena de un rojo negruzco.
La arena se mete en mis heridas y arde, pero no me muevo. Fijo en el infinito, con la boca abierta, permanezco. He quedado sordo y con eso, por fin aislado del mundo. No oigo los gritos de pavor ni las advertencias ni los abucheos.
Una punzada más atravesando mi espalda. Permanezco.
En la mente no paro de preguntar ¿por qué? Y tú, impávida y sin aliento no sabes responder. Ves todo el ruedo y mi derrota sin moverte, sin respirar. Caigo frente a ti como un pedazo de carne lacerada y casi sin vida en la mirada. Me retiro perdedor sin poder dar la batalla que siempre perdí antes de empezar.
Mi corazón sigue latiendo, pero a saltos... va cediendo las fuerzas al dolor y se apaga en bocanadas de vida que se van perdiendo al viento.
Cada letra fue mi propio funeral sin yo poder siquiera parar de echarme la tierra encima, que ya sin esperanzas y sin voz no puedo más que ver desde arriba y dejar de insistir en imposibles.
Atónito espero despertar de la pesadilla de encontrarte y no tener ni un chance de tenerte.
- Tu-yo -
Con la lanza que me has atravesado en el pecho hacia mi corazón, en cada intento de acercarme o alejarme me hiero más... la empujas con tu mismo amor, que llena de miedo me profesas.
Finalmente caigo sobre la arena, vencido, con los ojos llenos de infinito, de miedo, de lágrimas... y la sangre salpicada en todos lados, bañando la arena de un rojo negruzco.
La arena se mete en mis heridas y arde, pero no me muevo. Fijo en el infinito, con la boca abierta, permanezco. He quedado sordo y con eso, por fin aislado del mundo. No oigo los gritos de pavor ni las advertencias ni los abucheos.
Una punzada más atravesando mi espalda. Permanezco.
En la mente no paro de preguntar ¿por qué? Y tú, impávida y sin aliento no sabes responder. Ves todo el ruedo y mi derrota sin moverte, sin respirar. Caigo frente a ti como un pedazo de carne lacerada y casi sin vida en la mirada. Me retiro perdedor sin poder dar la batalla que siempre perdí antes de empezar.
Mi corazón sigue latiendo, pero a saltos... va cediendo las fuerzas al dolor y se apaga en bocanadas de vida que se van perdiendo al viento.
Cada letra fue mi propio funeral sin yo poder siquiera parar de echarme la tierra encima, que ya sin esperanzas y sin voz no puedo más que ver desde arriba y dejar de insistir en imposibles.
Atónito espero despertar de la pesadilla de encontrarte y no tener ni un chance de tenerte.
- Tu-yo -
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